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    Fito Páez: «La polarización de la sociedad no es cosa de la modernidad, es un problema atávico»


    La fiabilidad de Fito Páez es de sobra conocida, pero no por eso uno deja de sentirse abrumado por la calidad que su nuevo disco supura a todos los niveles: composición, arreglos, letras, producción… «La conquista del espacio» es otra pequeña obra maestra del artista argentino, que ha trabajado con los productores Diego Olivero y Gustavo Borner en tres estudios diferentes, incluyendo uno «con una carga emocional muy hermosa», el mítico Capitol de Hollywood, donde Frank Sinatra y Nat King Cole grabaron los discos que escuchaba siendo un niño en Rosario. Además de los músicos de su banda, Diego Olivero, Juani Agüero y Juan Absatz, ha contado también con el retorno del histórico bajista Guillermo Vadalá (quien participó en nueve discos de Fito, entre ellos el multi-premiado «El amor después del amor»), el reconocido baterista californiano Abraham Laboriel Jr. (Paul McCartney, Sting) y la Nashville Music Scoring Orchestra La canción «Ey you» es una suerte de ópera-cumbia-rock. Es una canción muy especial en el álbum, porque lo terminé componiendo con Hernán Coronel, un artista argentino muy importante de cumbia. Aquí se le llama Mala Fama. Yo me imaginaba cómo podía ser una colaboración suya, pero cuando me entregó su parte me quedé alucinado con esa bomba atómica que ha generado. En esa canción hay un verso, «hijo de un racimo de nazis». ¡Otra maravillosa muestra del talento argentino para el insulto! (Risas) Uno de los grandes insultadores de la historia es un colombiano, Fernando Vallejo, gran escritor, soberbio, que ha escrito extensamente sobre el insulto. Posiblemente su influencia se coló por ahí. Hay un tema que se llama «Gente en la calle», pero no trata sobre el desconfinamiento sino sobre otro tema bastante más oscuro y triste. La canción surge porque en los últimos años he visto Buenos Aires plagada de marginalidad, de gente malviviendo en la calle, con centros de asistencia social muy elementales. La ciudad está muy desprovista de lugares para indigentes, para evitar que tengan que vivir debajo de un árbol. Eso me genera una gran tristeza, ver tanta gente padeciendo los efectos de un capitalismo que ya es demasiado feroz. Con la pandemia, ese problema habrá tenido vertientes extraordinariamente preocupantes. En la capital colapsó el tema sanitario. En el cono urbano, que sería el primer cordón de la provincia de Buenos Aires, está el gran porcentaje de los contagiados, y es donde se han visto las peores situaciones. «Pensar que la República, la civilización, la democracia, el progresismo van a hacer algo para que eso cambie, es bastante ingenuo» En «La canción de las bestias» dice: «La pregunta es: ¿cómo creen que se puede arreglar un mundo en el que todos llevan la razón?» ¿Estamos más polarizados que nunca? Estamos polarizados en casi todo. Nadie tiene ganas de sentarse a dialogar con el otro con la intención sincera de comprenderle. Creo que es una realidad atávica, que no podemos ser tan ingenuos de pensar que es un problema de esta época, que es cosa de la modernidad. Está en la condición humana. Pensar que la República, la civilización, la democracia, el progresismo van a hacer algo para que eso cambie, es bastante ingenuo. En esta canción me hago cargo de mi parte del problema. ¿Cree que las recientes movilizaciones antirracistas en todo el mundo son en cierta forma una expresión de rabia por esa impotencia para cambiar las cosas? Puede ser. Pero aquí en Argentina tenemos otros problemas, otros muertos, otros marginales. Entonces, me da la sensación de que la muerte de Floyd, al venir de Estados Unidos, tiene una amplificación universal que no tienen los muertos del Chaco, de Tucumán, o de los indios Qom aquí en Argentina. Aquí hay otras muertes que acontecen permanentemente, en el marco del racismo. De todas formas acompañamos esa protesta, claro, porque es una muerte absurda y cruel, que causa una gran repulsión. Pero parece que apoyamos más las causas que suceden en otros lugares, y nos olvidamos de lo que tenemos en la esquina de nuestra casa. Pero sí, estoy de acuerdo en que el clima pandémico está aportando un poco al hartazgo con todas estas cuestiones. -Sin ir más lejos, aquí en España se acaba de difundir un vídeo en el que se ve a un joven morir durante una detención en un centro de inmigrantes. ¡Deberían estar ya en la calle! Qué atrocidad. «Hay gente empecinada en que el virus no tiene importancia, y ese es el argumento de «que se mueran los que se tengan que morir» -Hay un momento del disco en el que canta: «perder el efecto del sálvese quien pueda». -Ese efecto es el que nos hace insensibles a las penurias de los demás, pero igual no es más que la estupidez humana (risas). En Buenos Aires, por ejemplo, hay una tendencia anticuarentena en la que se privilegian derechos que no son el cuidado de la vida humana. Hay gente empecinada en que el virus no tiene importancia, en que hay que abrirlo todo, y ese es el argumento de «que se mueran los que se tengan que morir». -¿El confinamiento le ha generado un estado creativo diferente en algún momento? -La verdad es que no, porque yo soy un hombre que vive en encierro desde hace muchos años. En todo caso, en ese sentido me hizo pensar en positivo y ponerme a trabajar. He terminado el guión de una película, he compuesto un montón de música, así que ya tengo un nuevo álbum escrito, y ahora estoy con una autobiografía. ¡Y he dado un montón de conciertos preciosos desde mi casa!
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