El asalto a la 'barrera imposible': del pie descalzo de Bikila a unas zapatillas de 97 gramos

Cuentan que el origen del maratón hay que agradecérselo al filólogo francés Michel Bréal. Fue él quien relató a Pierre de Coubertain la vieja historia de Filípides y su carrera desde Marathon hasta Atenas para anunciar el desembarco persa. También quien lo convenció para incluir una prueba similar en el programa olímpico. Y dicen que los 42,195 kilómetros no son la distancia real entre las dos ciudades, sino que se estableció así a partir de los Juegos de Londres 1908, cuando se alargó la prueba en poco más de dos kilómetros al inicio para que la Reina consorte pudiese ver la salida desde el balcón real del Palacio de Windsor. Si una carrera se alimenta de este tipo de leyendas es que necesariamente merece la pena. Pocas disciplinas han tirado tanto de épica como el maratón. Una prueba sádica hasta el extremo, pero con un áura invencible y un recorrido histórico apasionante. Han pasado 118 años desde que Johnny Hayes estableciese un primer registro oficial en los Juegos de Londres 1908 con la distancia hoy en día homologada: 2h55:18. Este domingo, en ese mismo escenario, Sawe necesitó casi una hora menos para lograr uno de los grandes hitos del atletismo moderno. Entre medias permanecen en la retina las imágenes de nombres históricos: Abebe Bikila , que hizo 2h15:16 en Roma 1960 corriendo descalzo, Derek Clayton (2h0936), el primero por debajo de 2:10, en 1967, o Haile Gebrselassie, el menudo etíope que llevó la disciplina a un nivel superior, principal precursor de lo que estaba por venir. Pero ha sido en los últimos años cuando ha crecido de manera exponencial el interés por la prueba, con una carrera vertiginosa entre los grandes maratones del calendario por aumentar los premios, captar a los mejores y pelear por este récord. La culpa, seguramente, parte de Eliud Kipchoge , considerado el mejor maratoniano de todos los tiempos, poseedor de la plusmarca mundial entre 2018 y 2023. Él fue el primero en intentar el asalto a la 'barrera imposible' de las dos horas. Y, de hecho, lo consiguió, aunque de manera no oficial. El keniano, ganador de dos medallas de oro olímpicas (Río 2016 y Tokio 2020), además de diez 'majors', hizo 1h59:40 en el maratón INEOS 1:59 Challenge, desarrollado de forma íntegra en el parque Prater de Viena en condiciones no homologables: uso de 41 liebres rotativas en forma de flecha que se iban alternando para llevar en volandas al keniano, avituallamiento lanzado desde una bicicleta y un coche marcando el ritmo con láser. Aquella marca no valió, pero incrementó el interés en atletas, organizadores y marcas. Solo cuatro años más tarde Kelvin Kiptum , el denominado sucesor de Kipchoge, se quedó a solo 35 segundos en Chicago. Fue solo cuatro meses antes de perder la vida en un accidente de coche en su país, y a pocas semanas de acometer la gesta que hoy pertenece a Sawe en el maratón de Rotterdam. Para entonces ya estaba en marcha el pulso entre los principales fabricantes de zapatillas por dar a los atletas el material más avanzado. Sawe, por ejemplo, llevó en Londres la tercera generación de las Adidas Adizero Adios Pro Evo, una zapatilla que no alcanza los 100 gramos de peso (97), casi la mitad que su antecesora. Dicen los expertos que la rebaja de las dos horas no puede explicarse por una sola causa. No es por las zapatillas, las liebres, la nutrición o el volumen de entrenamiento. Es más bien el resultado acumulativo de todo ello. Todos los vectores relevantes apuntaron en la misma dirección en el momento adecuado. Buena temperatura, ausencia de viento, liebres cumplidoras… También ayudó la competencia. Principalmente, entre Kejelcha y Sawe, dos hombres llamados a lograr la misma hazaña el mismo día. Pero también con Jacob Kiplimo, por debajo también del anterior récord, y Amos Kipruto, que con 2h01:39 pasa a ocupar el sexto puesto en el ranking de siempre, por delante de Kenenisa Bekele y solo por detrás del trío de cabeza en Londres, Kiptum y Kipchoge. Lo que no va a permitir Sawe es que se dude de la limpieza de su plusmarca. Consciente del grave problema de dopaje que asola a los atletas de su país, el nuevo recordman pidió someterse el año pasado a 25 controles por sorpresa en dos meses antes de correr y ganar en Berlín. Este año ha repetido la iniciativa.
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