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    El tobillo de Julián cede en el momento cumbre


    Antes de la semifinal, el tobillo izquierdo de Julián Álvarez provoca sudores fríos en el Atlético, las imágenes de su entrenamiento en solitario el día anterior con el rehabilitador del club, arriba y abajo, forzando la articulación, girando, saltando. A ese tobillo le tiene una fe desmedida la hinchada rojiblanca, porque el delantero argentino es uno de los mejores jugadores que han vestido nunca esta camiseta. A la altura de Falcao, Caminero, Kiko, Kun Agüero o Futre. Estrella mundial. Rueda el balón en el Emirates, al norte de Londres, y Julián observa cómo a su principal socio, Griezmann le advierte el árbitro respecto a la nueva consigna de la UEFA, los desplazamientos de balón, la pérdida de tiempo, un Camavinga en Múnich. El francés no lo vuelve a hacer porque es el minuto 6 y el colegiado no quiere sacar tarjeta tan pronto. El partido de Julián Álvarez fluye, es asociativo, participa en la elaboración, baja al medio para tocar y moverse, girar y buscar huecos. Está a muchas leguas del crack perdido durante el invierno que estuvo meses sin marcar gol, aunque nunca dejó de luchar y de mostrar personalidad. La hinchada colchonera soñó desde el año pasado, cuando aterrizó en el Metropolitano, con la sociedad Julián-Griezmann, un ataque de primer nivel mundial, lo mejor de lo mejor. Y en Londres se encuentran, conectan, calidad con calidad para alimentar la esperanza de sus aficionados. Un pase profundo del argentino al francés lo aclara éste con un pase atrás lleno de ingenio al que alcanza Julián con la puntera. El balón sale fuera, forzado el remate, pero el Atlético está amenazando a David Raya, quien anuncia alguna pifia con el balón en los pies de tanto esmerarse en jugar como un centrocampista. Como Griezmann da ejemplo en tareas defensivas (le extrae un balón a Saka, presiona con Giuliano a Gyokeres, lo fuerza al error y lo celebran con choque de pechos a lo machote), Julián deja ronchas de piel en la misma faceta. En una de ellas se equivoca al defender mal a Lewis, por detrás en vez de anticiparse y de ahí brota una buena ocasión con pase atrás para el Arsenal. El equipo británico empieza a dominar, sin mucho fuste, pero tiene el balón. Julián apenas la huele en el tramo final de la primera parte. Griezmann, otra vez él, busca al argentino en un pase profundo después de un saque orientado de Oblak, pero al argentino no le alcanzan las piernas después de tremenda carrera. Hay gol del Arsenal, esa segunda jugada que involuntariamente habilita Pubill a Trossard. Y todo el esfuerzo de Julián Álvarez con sus compañeros se va por la borda durante el descanso porque al fondo del pasillo se adivina una segunda temporada sin títulos para el argentino. Julián llegó al Atlético para crecer con el club, llevarlo hacia el pedestal que ya conoce como depositario de una impresionante nómina de títulos, más que ningún otro empleado del club. Campeón del mundo con Argentina, la Liga de Campeones con el Manchester City, la Copa Libertadores de campeón de América con el River Plate. Doce trofeos con piezas de caza mayor que el argentino soñó desde el primer día con ampliar en el Atlético. Al argentino le cambia el panorama con el gol de los británicos. Sorloth entra en escena y tiene que desplazarse a la izquierda, donde Lookmann ha dejado su sitio y una banda izquierda para el argentino progrese. Pero una de las carreras el mundo se desploma para Julián Álvarez y muchos seguidores colchoneros. El tobillo izquierdo se paraliza, pierde efecto la infiltración de lo que sea que infiltren a los futbolistas para limitar el dolor, empieza a cojear. Pide un tiempo con la mano a Simeone para calibrar el momento, pero el entrenador procesa y decide. La cojera es notoria y Julián Álvarez se va al banquillo. Pesaroso y cabizbajo abandona la pelea, el estadio y la ilusión de los títulos con el Atlético.
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