Beccacece: «Hay que tomar con naturalidad que Ecuador pueda ganar el Mundial»

Mientras la gran mayoría mira a Argentina y Brasil como las dos grandes favoritas al título entre las selecciones sudamericanas, pocos reparan en el Ecuador de Sebastián Beccacece (Rosario, 17 de diciembre de 1980) . Conocido en España por entrenar al Elche, el técnico argentino ha logrado meter en el Mundial a la selección tricolor con solo una derrota y cinco goles encajados. —Su caso es curioso. A los 18 años ya se quitó de en medio y decidió que eso de ser futbolista no le iba a ir bien. —Tenía un hermano mellizo y otro un año menor, y ambos jugaban bien. Así que quise ser como ellos, pero tuve la madurez suficiente para darme cuenta de que, aunque amara ser futbolista, no iba a ser uno de los buenos. Ni de los medio buenos. Así que empecé a explorar el camino de los banquillos. Y a los 22 ya era ayudante del Sport Boys, un equipo profesional peruano que entonces entrenaba Sampaoli, a quien había conocido a través de Bielsa. —¿Qué supuso Marcelo Bielsa en su carrera? —Pues me ayudó a ordenar mis ideas y mi sentir en el inicio de mi camino en los banquillos. Yo soy de Rosario e hincha de Newell's y pude vivir todo lo que él hizo como futbolista y entrenador por Newell's. Le he admirado siempre y, encima, fue una inspiración y un gran consejero en mis primeros años como entrenador. —Su otro referente profesional ha sido Sampaoli, con quien llegó a ganar una Copa América al frente de Chile. —Pues, a pesar de la diferencia de edad, compartíamos muchas cosas. Ninguno de los dos fue futbolista profesional y eso nos lo ponía más difícil. Hace 25 años, si querías ser entrenador en la élite, tenías que haber sido antes futbolista. Ese era el pensamiento de la época. Así que juntos hicimos camino en la liga peruana, luego en Ecuador, en Argentina y en la selección de Chile. Trece años juntos que siempre le agradeceré. Yo le di y él me dio. Él brilló desde la conducción y yo desde el acompañamiento, y creo que hubo mucha química. —Aquí en España le conocemos, sobre todo, por su paso por el Elche entre 2023 y 2024. ¿Qué le aportó aquella experiencia? —Yo soy un enamorado del fútbol sudamericano y, en Europa, el fútbol que más me atrae es el español, por encima de la Premier incluso. Me gusta el juego técnico, la ocupación de espacios, la interpretación del juego… y siempre quise entrenar allí. Así que hubo esa oportunidad de coger al Elche, diez partidos en Primera, cuando ya estaba prácticamente descendido, y luego una temporada completa en Segunda. Recuerdo que llegué a un equipo que había tenido cuatro técnicos esa temporada y había una cierta división social. En esos diez partidos logramos ser el mejor Elche de la temporada. Hicimos el mejor mayo de la historia del club en Primera. Cambiamos la mentalidad y unimos al grupo. De hecho, hoy sigo teniendo contacto con muchos de esos jugadores. Luego, el año en Segunda, tuvimos que construir de cero y no logramos el objetivo del ascenso, pero creo sinceramente que le dimos una identidad al equipo, una identidad al club sobre cómo había que jugar. Plantamos esa semilla que hoy florece con el actual equipo y con el que hasta hace días ha sido su entrenador. Mucha gente me reconoce por la calle como el técnico del Elche más que por el seleccionador de Ecuador porque, a pesar de las reticencias iniciales, dejamos huella en la ciudad y en la afición. Eso es lo que más feliz me hace. —Semilla también ha plantado en Quito. En solo dos años, menuda selección ha armado. Una derrota en 18 partidos (ante Brasil), solo cinco goles encajados y trece porterías a cero. —El Mundial de Qatar me mostró que había muy buena materia prima en selecciones como Marruecos, Japón y Ecuador. Detecté que había un talento natural que, con disciplina y un buen proceso, se podía instalar en un lugar de privilegio en el futuro. Entonces, la casuística quiso que justo después del Mundial hubiera conversaciones para dirigir a Ecuador, pero al final no se cerró nada y acabé en el Elche. Y un año y medio después, en el verano de 2024, tras la Copa América, se volvieron a cruzar nuestros caminos y esta vez sí se consumó un acuerdo. Claro, tenía riesgo. Era ponerse directamente con la clasificación para el Mundial, sin ningún amistoso previo, pero hubo complicidad con los jugadores desde el primer momento. Tuvimos la valentía de cambiar el 60% de la plantilla que había participado en el Mundial de Qatar, fueron creciendo jugadores que en Europa ya destacaban, como Caicedo, Pacho o Hincapié, y le dimos una identidad al equipo que convirtió un camino muy complicado en sencillo. Cogimos al equipo en octava posición de la fase de clasificación, fuera incluso de la repesca, y nuestro primer objetivo fue intentar sentarnos en la misma mesa que Uruguay, Paraguay y Colombia. Y después sentarnos también en la mesa de Argentina y Brasil. Ahora nos toca sentarnos en la mesa de las selecciones que aspiran a algo grande en el Mundial y a eso hemos venido a Estados Unidos: con convicción, sin ponernos límites y sin complejos del pasado. —Habla de identidad y de equipo, pero es importante el gran talento individual que tiene su selección. —Sí, sí. Totalmente. Yo lo que tengo que hacer es explotar todo ese talento que tenemos y conseguir que los futbolistas den su mejor nivel individual para ponerlo al servicio del colectivo. Yo no vine a brillar en Ecuador, sino a que Ecuador brille. Mi vocación es absoluta de servicio. Tenemos una selección joven, pero de elevado nivel, y mi obligación es potenciar toda esta materia prima. —¿Pueden ganar el Mundial? —Si me hace esa pregunta es porque hay un grupo de jugadores que ha generado esa expectativa y hay que tomarlo con naturalidad. Piense que el internacional ecuatoriano ya no necesita pasar por alguna liga sudamericana para dar el salto a Europa. Y eso es beneficioso para la selección. Cuando un gran club de Europa ficha a un ecuatoriano, ficha calidad. A eso ha contribuido el gran trabajo de clubes ecuatorianos como Independiente del Valle o Emelec. —Entonces, ¿se les puede exigir ganar el Mundial? —No, eso no. La exigencia de ganar el Mundial es para España, Argentina o Brasil. Nosotros no estamos obligados a ganar el Mundial. Ellos sí. Tenemos la ilusión de ganarlo, pero no la obligación. Nos fijamos en lo que hizo Marruecos en Catar, donde llegó hasta semifinales, y soñamos en grande, pero sin exigencias. Mi carrera como entrenador me ha enseñado que, además de pensar en grande y tener ilusión, hay que tener coherencia entre lo que pensamos, decimos y sentimos. Tengo claro que, si los jugadores están centrados, pueden competir contra cualquier selección, pero no olvidemos que el 60% de nuestros futbolistas debuta en un Mundial. Y el otro 40% viene de fracasar en el de Catar. Así que en este proceso de cuatro años, en los que yo he estado dos, ha habido un cambio abismal. Y eso me lleva a ser equilibrado entre lo que pienso, digo y siento. Iremos a cada partido con la humildad y el trabajo necesarios para ganarnos el derecho a jugar uno más. —En Europa es más complicado ver seleccionadores extranjeros, pero en Sudamérica es más habitual. ¿Cómo lleva la afición ecuatoriana lo de tener un técnico argentino? —Mire, la verdad es que no sé si es bueno o malo que un país sea dirigido por un entrenador que no es de ese país. El potencial de la Premier empezó a forjarse cuando comenzaron a llegar entrenadores de fuera. Hasta que no llegaron técnicos no ingleses a la Premier, se jugaba un fútbol de un determinado perfil y ahora no es así. Y no les ha ido mal. Y, por ejemplo, en la Serie A no se han abierto tanto y tienen una estructura más rígida, aferrada a los logros del pasado. Con esto le quiero decir que nadie sabe qué es mejor o peor, pero ahí están los hechos. Y si me preguntas a mí y me das a elegir, elijo la diversidad. Creo que abrirse a mentalidades distintas es bueno. El intercambio de culturas, de ideas y de sentimientos... todo esto, bien estructurado, es positivo. ¿Quién le iba a decir a Brasil que alguna vez le entrenaría un técnico italiano? El fútbol no va de nacionalidades, sino de vocación e ilusión.
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