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    De Balogun a los estadios llenos: luces y sombras del Mundial de Infantino y Trump


    Este Mundial 2026 solo será de buen recuerdo para la hinchada española: el de la segunda estrella, el de la reivindicación de Rodri, el de la idea de Luis de la Fuente, el de la final volcánica con Argentina, el del gol de Ferrán Torres… Pero fuera de la victoria de España, también ha sido un Mundial de innovaciones -con mejor y peor resultado-, de polémicas y de protagonismo de quienes no tocan la pelota, como Donald Trump y Gianni Infantino. Estas son las luces y sombras de un Mundial que devolvió a España al cielo del fútbol. La gran innovación de este Mundial ha sido el formato ampliado a 48 equipos, con una nueva ronda de dieciseisavos de final. Las dudas sobre la ampliación eran abundantes. Se temía que se hiciera largo, una fase de grupos diluida, con partidos sin interés. Y unas primeras rondas eliminatorias demasiado inclinadas a los favoritos. Seguro que habrá muchos que prefieran el anterior formato, pero el ampliado no ha quitado interés, quizá lo contrario. Por ejemplo, ha posibilitado la presencia en el Mundial de uno de sus grandes atractivos, Cabo Verde , el único al que España no pudo ganar. Y que jugó una gran eliminatoria de dieciseisavos contra Argentina. Los mayores abucheos de este Mundial no se lo han llevado ni un árbitro, ni un jugador contrario odiado. Lo más silbado ha sido la pausa de hidratación , ese invento de la FIFA para combatir el calor de jugar en EE.UU., Canadá y México en lo más alto del verano. Pero pronto quedó claro que la pausa era, ante todo, un vehículo financiero: tres minutos de publicidad en la retransmisión televisiva, que se ha mantenido incluso cuando hacía fresquito o en estadios climatizados. La pausa cambia la dinámica del fútbol y lo acerca a un partido con cuatro cuartos. Seguro que hay entrenadores que la agradecen. A la FIFA le llovieron las críticas por 'tocar' un sorteo que facilitara las semifinales soñadas. El contrapunto a un formato ampliado fue un cuadro manejado para que las cuatro selecciones con mejor ranking: Argentina, Francia, España e Inglaterra, solo se cruzaran en semifinales. Funcionó y hemos tenido una ronda semifinal de ensueño, con un Argentina-Inglaterra histórico y un Francia-España que era como una final anticipada. Infantino y la FIFA han alardeado de todos los récords que ha batido el Mundial, pero dejan de lado uno: es el Mundial más caro de la historia . La FIFA ha hecho caja con los 'precios dinámicos' de las entradas, sacando tajada de la reventa y con un mercado enorme (solo entre EE.UU., México y Canadá acumulan casi 500 millones de habitantes). Ha sido un Mundial prohibitivo, que ha cerrado el acceso a la gran mayoría de hinchas, con precios de entradas desorbitados. La final del Mundial, donde las entradas en la última semana no bajaban de los 7.500 dólares, ha sido el evento deportivo más caro de la historia. La otra cara de los precios es el negocio descomunal que ha hecho la FIFA en este Mundial. Se estima que sus ingresos han sido de 15.000 millones de dólares, entre derechos televisivos, patrocinios, entradas y otras vías. La cuestión es cómo reinvertirá FIFA esa millonada en las estructuras del fútbol. Los cortes publicitarios de la pausa de hidratación son algo que las televisiones estadounidenses necesitaban para hacer más rentable el fútbol. Pero EE.UU. como anfitrión ha añadido otros elementos ajenos a la cultura futbolística. Por ejemplo, canciones y presentadores con volumen a todo trapo en las previas de los partidos, cuando la música del fútbol es la de las hinchadas. Y, sobre todo, el espectáculo del descanso en la final. No tanto por su falta de calidad, que la tuvo, sino por inoportuno. La gente se comía los dedos de la mano de la tensión mientras Justin Bieber cantaba una balada con su guitarra. Pese a los precios, pese al calor y las tormentas, pese a la distancia entre sedes, pese a que los equipos viajaran a tres países organizadores, el Mundial ha sido un éxito completo de público: los estadios estaban a reventar, pese al formato extendido y el supuesto menor interés de algunos partidos. Según los datos de FIFA, hubo 6,5 millones de espectadores -récord absoluto- y los campos se llenaron al 99,7%. En el Mundial se ha disfrutado de campos impresionantes por muchas razones: su espectacularidad -Dallas o Atlanta-, su belleza arquitectónica -Guadalajara o Los Ángeles- o su peso histórico, como el Azteca de México. Muchos de ellos tenían belleza, aforo y un césped como una alfombra, a la altura de la final de un Mundial. Pero esta se disputó en el estadio de Nueva York/Nueva Jersey en un campo duro y seco, donde la pelota se movía con dificultad , lo que pudo suponer un disgusto para España. El verde no estuvo a la altura. La FIFA ha buscado compensar los frenazos al juego que suponen la presencia del VAR con nuevas normas para agilizarlo: saque de porteros, sustituciones, lesiones, etc. Ha funcionado. En Qatar 2022, la duración media de los partidos fue de 101 minutos, de los cuales 58 fueron de juego real. Sin contar la pausa de hidratación, en este Mundial han sido partidos de 96 minutos, de los cuales 58 fueron de juego. Es decir, ha habido un mayor porcentaje de tiempo jugado (60,4%) respecto a Qatar (57,4%). El Mundial será recordado por la excelencia de España y la mancha que dejaron Infantino y Trump. El episodio de la suspensión de la sanción de un jugador estadounidense -Folarin Balogun- por presiones a Infantino del presidente de EE.UU. es una de las grandes injerencias políticas en la historia del Mundial. Pero la mano de Trump se vio en otros asuntos que ensombrecieron la fiesta del fútbol: la restricción para que pudiera acudir la hinchada de Senegal, la prohibición de viaje a un árbitro somalí o las dificultades con las que tuvo que competir Irán.
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