El efecto escandinavo

Es un personaje extraordinario, dentro y fuera del mundial; una mezcla insólita de genialidad y antidivismo; el hallazgo mayor de esta copa del mundo y mascarón de proa de una selección convertida en campeona sentimental. Hablo de Erling Haaland , un jugador cuya hemeroteca futbolera echa humo en estos días. Después de un partido en el que había marcado un gol espectacular, un periodista le pidió que describiera la jugada. La pregunta era larga y buscaba un análisis técnico, quizá una explicación del desmarque, del remate o de la lectura del juego. Haaland escuchó con expresión imperturbable y respondió simplemente: «Yes… it's a good goal». («Sí… es un buen gol»). El periodista insistió, convencido de que aquella no podía ser toda la respuesta y de que, si reformulaba la pregunta, obtendría algún comentario más elaborado. Pero Haaland, sin alterar el gesto, se limitó a repetir: «It's a good goal». Y ahí dio por terminada la explicación. El contraste entre la solemnidad de la pregunta y la deliberada pobreza de la respuesta convirtió el momento en una escena viral. En lugar de alimentar el espectáculo mediático, Erling Haaland disfruta desinflándolo . Su humor tiene algo escandinavo: es seco, lacónico y se basa precisamente en frustrar las expectativas del interlocutor, respondiendo siempre un poco menos de lo que este espera. Después de marcar varios goles en un partido, otro periodista le preguntó: «¿Estás orgulloso de tu actuación?». Haaland respondió con absoluta naturalidad: «No está mal». Lo dijo como quien comenta una tarea cualquiera, cuando en realidad acababa de firmar una actuación extraordinaria. El jugador de la selección noruega es uno de los delanteros de más brillo en este mundial. Nació en Leeds, Inglaterra, pero creció en Noruega. Mide 1,95, bate melena dorada en los momentos más hilarantes y corre como un purasangre, de cero a cien, ante la mirada atónita del rival. También celebra goles en la posición de la flor de loto y se muestra ante el mundo con una sencillez cautivadora. Esa combinación de cara seria, humor absurdo y mentalidad feroz para competir lo hace excepcional y futbolísticamente más divertido que los dioses estreñidos de antaño.
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