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    Italia despierta ante la Turquía de Montella y Guler


    Hay reencuentros que se dan donde uno menos lo espera. Hace dos décadas, Montella y Mancini formaban en la Sampdoria una de las duplas ofensivas más letales de la Serie A: 37 goles entre los dos en la liga 1996-97, con 22 del propio Montella. Bursa fue el escenario de su cara a cara desde los banquillos. La azzurra aplastó a la Turquía de Montella en un duelo que significa mucho más que tres puntos en la Nations League. El conjunto transalpino impuso un ritmo y una claridad de juego opuestos a la imagen mostrada ante Bélgica días atrás. Italia anuló por completo a un combinado turco arropado por su incansable afición y en un césped pasado por agua que dificultaba el trato de balón. Tras un aviso de Frattesi desviado a córner por Bayindir, Bastoni cazó un rechace defectuoso de Celik para firmar el 0-1 antes del minuto diez. A partir de ahí, comenzó el monólogo visitante. Sin capacidad de respuesta ni posesión por parte local, Italia encadenó dos asociaciones idénticas por la banda izquierda en apenas diez minutos. En la primera, Bayindir repelió el disparo de Kayode, pero Frattesi cazó el rechace para hacer el 0-2; en la segunda, el propio Kayode no perdonó y sentenció la primera mitad con el 0-3, culminando una exhibición coral que empezó con una asistencia de Pio Esposito. Con el triunfo llegó también el gran relato de la noche: Pio y Sebastiano Esposito compartieron once titular con Italia, algo que ningún par de hermanos lograba desde 1915, cuando Aldo y Luigi Cevenini lo hicieron ante Suiza. El precedente más reciente, el de Simone y Filippo Inzaghi, se había quedado en once minutos compartidos como suplentes en noviembre de 2000, una anécdota que los Esposito superan ahora jugando juntos desde el once inicial. Turquía maquilló el resultado nada más volver de vestuarios: un gran envío largo de Bardakci encontró a Aydin, que asistió a Yilmaz para recortar distancias. Duró poco la alegría. Cinco minutos después, un disparo de Tonali desde la frontal se estrelló en el larguero, y en el rechace apareció quien mejor sabe hacerlo: Pio Esposito puso la cabeza donde nadie más llega para sentenciar el 4-1 definitivo, completando así la noche perfecta para los hermanos que Italia esperaba desde hace 111 años. En el bando turco, Arda Guler volvió a ser el único punto de luz de un equipo que no arranca: desaparecido y aislado en una delantera a la que no le llegaban balones durante la primera mitad, el jugador del Real Madrid se multiplicó en la segunda con varias jugadas de gran calidad individual, insuficientes para levantar a una selección que ya es colista del grupo y encadena su segunda derrota consecutiva tras un paso gris por el Mundial. Mientras en Bursa Italia firmaba una exhibición, en Bruselas el otro gran duelo de la jornada se resolvía con un guion muy distinto al esperado. Bélgica y Francia llegaban igualadas a cero con el partido agotándose, en un choque de mayor nivel táctico del que reflejaba el marcador, hasta que en el minuto 88 apareció Olise. El extremo del Bayern inició una gran arrancada desde el mediocampo, encaró toda la defensa belga y remató raso, con su pierna izquierda, al segundo palo desde la frontal del área. Un golazo que desató al propio Zidane en la banda, que no contuvo su felicidad galopando junto al césped y golpeando un balón que se cruzaba por el medio del campo en pleno festejo. La victoria corona una segunda mitad en la que Francia siguió exhibiendo la circulación de balón que ya se había visto en el primer tiempo: por primera vez en mucho tiempo, los galos han mostrado una intención clara de generar superioridad en el centro del campo, algo que ni Deschamps —apoyado siempre en la potencia física de Kanté y Pogba— ni Didier Blanc en su fugaz etapa de 2012 lograron instaurar con esta fluidez. La clave ha estado en Lucas Da Cunha flanqueado por Camavinga y Akliouche como interiores, un trío con manejo de balón bajo presión que permitió a Francia moverse de lado a lado con una velocidad de circulación inédita en los últimos años. El gol de Olise, entrado desde el banquillo, coronó así una victoria trabajada y con muchas más ocasiones que las del propio conjunto de Van Bommel, en el regreso de Zidane al escenario donde, hace 26 años, marcó el gol que eliminó a Portugal en la semifinal de la Eurocopa 2000.
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