Eloy Olaya: «El gol de Iniesta nos liberó a todos de esa vitola de perdedores»

«A veces los momentos malos se recuerdan más que los buenos», reflexiona para este periódico con resignación Eloy Olaya (Gijón, 10-7-1964), que cumple 62 años justo en el día en el que la selección reedita el cruce contra Bélgica, también en cuartos, que en el Mundial de 1986 quedó tristemente grabado en la memoria colectiva del fútbol español. «Las ocasiones de Cardeñosa (Argentina 1978) y Julio Salinas (EEUU 1994), el penalti de Raúl (Eurocopa Bélgica y Holanda 2000) o el de la tanda de Joaquín (Corea 2002) quedaron en la historia», recita Eloy como una amarga letanía, a la que suma su penalti fallido en México 86 . Pero este menudo extremo de los de antes fue mucho más que aquel penalti. Líder de un Sporting de Gijón «de Champions» (4º en 1985 y 6º en 1986) y más tarde leyenda del Valencia, fue el internacional español más joven en aquella lista (21 añitos) en una cita en la que saltando desde el banquillo (entonces sólo había dos cambios) aportó un gol y dos asistencias. «Hay cosas peores. Era muy joven, tenía mucho trecho por delante y por suerte fue largo para mí como futbolista en Primera», asegura con la distancia que conceden cuatro décadas. -Si ese día le hubieran dicho: 40 años después le van a seguir llamando por este penalti. ¿Qué habría pensado? -No me lo hubiese creído. El martes cuando me desperté y cogí el móvil vi que tenía muchos mensajes y me dije: ha pasado Bélgica. Lógicamente me vino a la mente lo mismo que habéis pensado todos. Hay muchas coincidencias con aquel día en Puebla. Cada vez que hay un Mundial, o cuando nos eliminaron en Corea con el fallo de Joaquín, es lógico que se acuerden de mí. También se recuerda muchísimo cuando la historia fue bonita el día de Querétaro (el 1-5 a Dinamarca). Pero si quieres que te sea sincero, firmaría volver a repetir esta entrevista dentro de 40 años y hablar sobre aquel partido contra Bélgica. -¿A qué se dedica ahora Eloy Olaya? -Entrené en Mareo a cadetes y juveniles, después estuve cinco años como secretario técnico del Sporting. Y luego me quité el mono como seleccionador de Asturias, la cadete y la juvenil. Y ahora estoy como comentarista de los partidos del Sporting en la Radio del Principado de Asturias. Y lo compagino con negocios inmobiliarios, porque mi padre fue constructor, y llevamos temas de alquileres. -Llega a la selección en un amistoso en noviembre de 1985 gracias a un Sporting que entonces jugaba competiciones europeas. -Lo hablo mucho con gente más joven que no vivió aquella época. Ese Sporting era un equipo muy afianzado, ya la generación anterior de los Quini, Morán, Ferrero, Castro… habían jugado en Europa, un año fueron subcampeones de Liga. Y yo en el 82 subo al primer equipo y sobre todo desde que Novoa coge el equipo, jugamos la UEFA, casi todos los años estamos en los puestos altos de la clasificación. Era un equipo rindiendo a un altísimo nivel, con una mezcolanza que dio sus frutos, de veteranos como Joaquín, Maceda, Jiménez, Redondo… y una generación de Mareo como Ablanedo, Tati, Mino, Zurdi, yo... Ablanedo y yo estábamos con la Sub-21 y me llegó la llamada de Miguel Muñoz y Vicente Miera para jugar un amistoso con la selección absoluta contra Austria. -Y le llevan al Mundial de México. ¿Qué supuso para usted ir convocado con futbolistas como Camacho, Lobo Carrasco, Señor, Víctor Muñoz, Butragueño, Michel…? -Entrar en esa lista fue para mí una sorpresa y una alegría tremendas. Ablanedo y yo estábamos habitualmente con la Sub-21 y nos estábamos jugando el Europeo. La selección estaba en un proceso de renovación. En el 84 se había jugado la final de la Eurocopa contra Francia, pero venías de un mal sabor de boca del Mundial 82 en España, que salieron las cosas mal. Y estaba entrando gente joven, con ganas, jugadores del Real Madrid como Michel y Butragueño; Zubizarreta y Julio Salinas del Athletic... Se hizo una mezcla entre jóvenes y veteranos. Formamos un grupo muy bueno con una relación fantástica y nos quedamos a las puertas de un logro más grande, que creo que nos merecimos por cómo jugamos ese Mundial y cómo estaba funcionando ese grupo. -¿Quién era el que más imponía? -Camacho, Goiko y Maceda eran los que más imponían, con mucho. Camacho por su raza, por su temperamento, por lo que transmitía al grupo. A Maceda le conocía de su etapa en el Sporting, pero entonces llevaba ya un año en el Real Madrid. Y Goikoetxea, por su presencia. Víctor Muñoz también imponía, pero era más padre, persona de dar consejos, le escuchabas y eso te ayudaba y te hacía sentir bien. Con Juan Señor lo mismo, eran más fraternales. -Hace 40 años, en México, jugar un Mundial no era como ahora. Creo que tuvieron problemas de organización. -La organización fue más bien desorganización. Los traslados eran muy incómodos, el día de Argelia después del partido íbamos a Querétaro en avión, salimos con cinco horas de retraso, llegamos a un hotel nefasto, como un motel de carretera, con cucarachas… nos tuvieron que cambiar de hotel y al final nos metieron en el de Dinamarca. Muchos inconvenientes a la hora de entrenar, un día en un campo, otro día en otro… Al final superamos todo eso con la unión que teníamos en el grupo. -Ese Mundial empezó bien para usted. Debuta en el tercer partido contra Argelia, ganan 3-0, marca un gol y da una asistencia. -Uno de los días más importantes y felices de mi carrera. En aquel Mundial éramos 22 en la lista, pero sólo iban convocados 16. Y era mi primera convocatoria, con los delanteros que había: Quique Setién, Poli Rincón, Lobo Carrasco, Julio Salinas y Butragueño. Mediada la primera parte Butragueño recibe una entrada muy fuerte y se hace daño y me mandan calentar. Entré al descanso, íbamos ganando 1-0 y al poco Calderé mete el segundo a pase mío y marqué el tercero faltando pocos minutos. Fue una alegría inmensa porque piensas que eres un futbolista profesional, representando a tu país en un Mundial, acabas de marcar un gol y te llena de mucho orgullo. Y lo más importante, con esos puntos pasamos a la siguiente fase, que hacía muchos años que España no pasaba a las eliminatorias, y con holgura. Porque sólo perdimos el primer partido con Brasil y en las circunstancias que fue, con el gol fantasma de Michel. -Luego llegó la goleada 5-1 a Dinamarca con la exhibición de Butragueño. Cuatro goles, uno a pase suyo. -Fue un partido impresionante, sobre todo la segunda parte. Ellos tenían una gran selección, se clasificaron como primera de grupo ganando los tres partidos, incluido a la potente Alemania. Tenían futbolistas de altísimo nivel: Laudrup, Larsen, Molby… tenían un juego fantástico. Ellos empezaron ganando y jugando mejor, y la clave fue el empate del Buitre faltando poco para el descanso. Y pasó un poco como contra Argelia, porque Salinas se llevó un golpe y entré por él. Y en la segunda empezamos con otro gol del Buitre y tiraron la toalla. Con espacios éramos un equipo muy rápido, con el Buitre, Julio Alberto, Michel, yo mismo, y les ganamos muy bien la espalda y fue un partido apoteósico. Y los cuatro goles de Butragueño, algo que pocos jugadores pueden decir. -Y en cuartos Bélgica, como ahora. ¿Se veían capaces de todo? -Lo afrontamos con una mentalidad muy fuerte y convencidos de que podíamos hacer algo importante en ese Mundial. Sabíamos que en semifinales nos esperaba Argentina, pero ellos tenían mucho miedo a España por el pasado de Maradona en la Liga, con los marcajes a los que fue sometido por Camacho, por Goiko… Nosotros jugábamos al hombre, con marcajes individuales, y nos tenían miedo y mucho respeto. Pero sabíamos que Bélgica era un rival difícil, muy bien armado defensivamente y se nos complica al ponernos abajo con el gol de Ceulemans. Pero nos sobrepusimos, en la segunda parte les encerramos, ellos no llegaron, y empató Señor. En el cómputo global, y con la prórroga, España fue mejor, pusimos más para no llegar a los penaltis, pero no pudo ser. -Y se fue a penaltis. ¿Eligió Miguel Muñoz o se presentaron voluntarios? -Fue preguntando a algunos, uno por uno, quiénes estaban para tirar. Nosotros llevábamos mucho tiempo de concentración, y los delanteros que no estábamos jugando mucho como Setién, el Lobo Carrasco, Poli Rincón, nos quedábamos siempre después de los entrenamientos a finalizar jugadas, a disparar fuera del área, y acabábamos con tandas de penaltis. Yo siempre los ensayaba, también en el Sporting, y les dije a Miguel Muñoz y a Vicente Miera que si querían yo tiraba perfectamente. Todo me había salido rodado en el Mundial. Y el penalti era una responsabilidad que tienes que asumir, y yo estaba bien anímica y físicamente y dije que adelante. Luego nos reunieron a todos y nos dijeron el orden en el que íbamos a tirar. Nos dijo que confianza plena, seguridad en que lo íbamos a marcar y que nos aisláramos de todo. -Y delante Pfaff, del Bayern de Múnich, uno de los mejores porteros del mundo. -Sí. Cuando iba caminando en ese momento no pensaba en nada, no sentía nada, ni a la gente, ni al público… Iba concentrado en coger el balón y decidí tirarlo a su derecha. Pero cuando coloqué el balón y miré para Pfaff, por su forma de colocarse pensé: este condenado se va a tirar ahí. Pero decidí que no cambiaba la idea, porque siempre se dice que la primera idea es la mejor… y creí que si le pegaba fuerte y bien colocado no podría cogerlo. Pero le pegué mal al balón, los campos de México además estaban francamente mal, la hierba alta… y salió mordido, y lo atajó. -¿Le persiguió mucho tiempo fallar ese penalti? -No, porque el apoyo de la gente, de mis compañeros, del cuerpo técnico, de la prensa… fue fantástico. Y el apoyo de la afición en la llegada a Barajas, fue tremendo. Al final ese penalti quedó en la historia, pero es ley de vida. Fue uno de los peores momentos de mi carrera, pero el peor fue cuando después de siete años fantásticos en el Valencia perdimos la final de Copa del Rey de 1995 en Madrid, y yo sabía que era mi último partido, y me quedé a las puertas de conseguir un título. Y ya no iba a jugar más. -Entonces no había redes sociales. ¿Se plantea cómo lo habría vivido? -Antes no había nada. Quizá habría sido muy duro porque hay gente en redes muy cruel. Es verdad que también hay gente que publica frases de aliento. Pero habría sido complicado. Todo lo que rodea a los futbolistas hoy, con las redes sociales y todo lo demás, la verdad es que hay mucha más exigencia y presión que la que teníamos nosotros. -Hoy también está enfrente uno de los mejores porteros del mundo, Courtois. Si llegan a los penaltis, ¿qué hace Eloy? -Los veré como estoy viendo todos los partidos. Pero es una lotería, uno puede no estar acertado y te quedas fuera. Nosotros también tenemos un buen portero que es especialista en tandas de penaltis como es Unai Simón. Es cierto que sería una venganza perfecta a lo de 1986, pero esperemos ganar antes y ahorrarnos ese sufrimiento. -¿Con el gol de Iniesta en 2010 se quitó un peso de encima? -Ese gol nos quitó un peso de encima a todas las generaciones que habíamos vestido la camiseta nacional. Nos liberó a todos de esa vitola de perdedores. A aquella selección del 86, pero también a la del 82, a la del 90, a la del 94, que también se quedó en cuartos. Esa estrella nos hace partícipes a todos y nos quitó esa presión de que cuando llegaba España a competiciones internacionales no rendía como debía y en muchos casos era una selección derrotada. Ese Mundial de Sudáfrica hizo cambiar la mentalidad del resto de selecciones respecto a España y ahora somos una selección ganadora, que es temida por todos y respetada. -Salvando las distancias, ¿Lamine Yamal es el Butragueño de entonces? -Es diferente. Esta España es más un bloque, un equipo. Lo demostraron en el último partido donde con la salida de Ferran y Merino desde el banquillo, en una acción colectiva consiguen la victoria. Pero creo que no hay tanta dependencia de ningún jugador. Lamine es muy desequilibrante, con un uno contra uno fantástico. Pero España creo que se diferencia de otros equipos en que no depende de ningún jugador, es un bloque, y si no resuelven los once, los del banquillo te pueden aportar cosas diferentes y decantar el partido como contra Portugal. -En su época el entrenador era Miguel Muñoz, que lo había ganado todo con el Real Madrid. ¿Qué le parece De la Fuente, un perfil más modesto, de la casa? -Es un grandísimo entrenador, maneja muy bien el grupo. Se demuestra cuando los jugadores salen del once o los que no juegan, y nunca escuchas una mala palabra, ni un mal gesto. Eso dice mucho. Eso es saber manejar el grupo y con esa unión se consiguen muchas cosas. Tuvo alguna duda y alguna crítica en el primer partido, pero creo que desde entonces ha acertado en todo.
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